miércoles, 28 de agosto de 2013

(Re)vuelo anterior a la (re)caída

Ordenemos palabras,
celebremos aciertos.
Ya estoy harto de borrones
y errores.

Necesito sentirme libre.
Volver a caer,
revolcarme por el suelo
y lamerme las heridas.
Despegar,
disfrutar del vuelo
y hacer un aterrizaje forzoso
en una isla desierta
a la que llevarme tres cosas:
un marco sin foto,
un cuaderno en blanco
y una canción aún por componer.
Lo que quiero decir
con esto
es que pretendo olvidar
que 'volar'
tan sólo es 'caer'
conjugado en pasado.

Nos empeñamos
en buscar vendas
para nuestras heridas
y no hacemos más
que elegir nuevos bisturís.
Sí,
somos un cúmulo
de contradicciones.
Una serie circular
de caminos paralelos
que sueñan
durante toda una vida
con un vértice común.

En él, mi memoria
se desordena recordando
el fotograma 
de cuando la marea
subió y descubrió
nuestros cuerpos dormidos
amaneciendo
debajo de la primera ola del día,
al mismo tiempo
que piensa en el 'zig zag'
de dos lenguas borrachas
de tanta saliva,
torpes como un pez
rebotando en la borda
de un barco noruego
perdido entre fiordos.

Y en ese mismo instante
me doy cuenta
de que las estrellas
son el brillo de aquellos momentos
que se soltaron de nuestras muñecas
como globos de helio
en una feria cualquiera,
convenciéndome de que algún día
el cielo será nuestro
y podremos ver nuestro fracaso
desde arriba.

¿Sabéis?
El sol hace días
que no se pone como debería.
Siempre dije que faltaba droga en esta ciudad.

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