Decía Bob Dylan
que la respuesta
está en viento.
Y yo le creí.
Busqué encontrar
en la brisa del mar
la marca que se formaba
en tu espalda
cuando apretaba sobre ella
mi barbilla,
pregunté a los silbidos
de un bosque encantado
por la dirección
del poema que escribo.
Me tumbé en el centro
de la espiral de un huracán
con la intención
de ver el futuro
entre los escombros
de mi pasado.
El temporal trajo
rayos y truenos
que cegaban y ensordecían
las respuestas en forma
de tormenta.
Y os diré lo que pasó.
La brisa me dijo
que la marca
ya no estaba
en tu espalda,
sino en mi memoria.
El bosque silbó
en alguna lengua muerta
y jamás encontré
este poema.
El huracán
resulté ser yo mismo
rodeado de humo,
y la tormenta
tan sólo eran miedos enfrentados
formando bolas de fuego
(no rayos)
y provocando gritos internos
(no truenos).
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