lunes, 7 de diciembre de 2015

Suero de la verdad

Recuerdo estar leyendo Rayuela
con el viento batiendo las páginas
y un sol que subrayaba las palabras
una a una.
Colocado.
Jurando que quería ser escritor.


Me caigo y me levanto
como si la velocidad
entre ambas cosas
disimulara mis tropiezos.

Siempre me he fiado más de la oveja negra
que del rebaño.

Sufro vértigo
cuando veo el suelo demasiado cerca,
me mareo si vuelo de noche
y las estrellas no parpadean.

No distingo
el no verte
del exilio.

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Si te regalé aquella caja de música
fue porque llevo la melodía
y un let it be
grabados a fuego en la piel.

Te invité a creer
que todo puede ser
si se quiere querer.

Tiempo después entendí
que te fuiste para no volver
y ya nunca volviste,
que te hiciste para no querer
y no quisiste.

Estaba convencido de que venías 
a salvarme,
hasta que me cosiste las alas
a las costillas
y me obligaste
                        a saltar.

Carpe noctem.

Antes de que te des cuenta
todo este caos
volverá a ser sólo un desorden.

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