miércoles, 21 de agosto de 2013

Todo lo que se ha ido

Escribo esto
como compensación
por todo
lo que un día no dije
(o no me atreví a decir)

Diré
que las tormentas
sólo son de verano
si llueve entre sus piernas,
que he perdido la cuenta
de las escaleras
que hay entre su abismo
y el mío.

Que Atenea
no era diosa de nada
y Afrodita se puso celosa,
que su voz
hizo soñar a Vigilio
y llenó Babilonia
de rosas.
Que fue un suspiro suyo
lo que desató
la guerra de Troya
y aún hoy puede verse
a Aquiles
con las rodillas clavadas
en la orilla,
acariciando la huella
que dejó su pequeño talón
en la arena.

Siempre tuvo pánico
al viento,
pero nos dejamos llevar;
ya sabréis que
quien sepa volar,
disfrutará incluso
de las turbulencias.
Y hace meses
que oigo el girar
de los tornados
ahí afuera.

Hubo quien
comparó mi actitud
con la de un gato,
por eso de la rebeldía
y la ausencia de horarios.
Lo que nadie hizo
fue pararse a pensar
que los gatos callejeros
son expertos
en acumular arañazos
y limitarse a lamerlos.
Autocura pura y dura.

No me sirve de nada
desgarrar mis nudillos
contra los muros,
ni escribir mis heridas.
No me sirve de nada
tenerla en mi cabeza
como un dolor suicida.

Pero,
no creo
que haya nada malo
en perder la fuerza
si es por su boca,
ni tampoco creo
que sea un error
mirar al cielo
y aullarle a ella
en vez de a la luna.

Sólo pido poder
demostrarle una vez más
por qué esa espalda
tiene más poemas
a deber
que cualquier otra piel
y decirle al oído
que temo a todo
lo que se ha ido.

1 comentario:

  1. Lo volviste a hacer, aunque con "volver" estoy diciendo que algo así ya pasó antes, y no es cierto, "Todo lo que se ha ido" es definitivamente algo diferente, al menos para mí. Primo hermano de "Estrella peregrina", tal vez. Como sea, agosto parece inspirador. Un placer.

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