viernes, 11 de abril de 2014

El ojo vago del cíclope

En la escena del crimen discuten acaloradamente el inspector jefe y el vendedor del puesto de perritos calientes. Pasan a las manos. Éstas a los puños. Se escuchan los gritos que los nudillos del inspector le dedican a los pómulos del vendedor. De repente, un estruendo. Sirenas de policía. Hombres trajeados corren de todo sin tener la más mínima idea de nada. Madres que lloran. Niños lanzan penalties en la plaza que hace esquina. Gol por la escuadra. Se hace añicos la ventana de la oficina. Caos. Camiones de bomberos. Escaleras de incendios. Mentiras ignífugas. Falta de tiempo. Hambre, sed y sueño. Flores sobre el cemento. Lluvia en los techos de las marquesinas. Vaho tatuado en los cristales. Otra vez ellos. Sonido de campana. Gancho de izquierdas. Vergüenza de derechas. Llegan los antidisturbios. Cierran la puerta. Gas lacrimógeno en el ambiente. Cuarto creciente. Habitación menguante. El inspector canta una canción. El vendedor la reconoce. Suenan de fondo sus últimos acordes. Cae la noche. El telón se cierra. Acaban de suspender la función.

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