las cosas claras:
quererte no es poder.
Siempre fui canica,
sin base que me estabilizase,
dando vueltas
y vueltas
y vueltas
y vueltas de campana
alrededor de mí mismo
y de la luna,
como un planeta en busca
de su media estrella.
Pero una noche parpadeaste
en el cielo
durante una milésima de segundo
y yo te vi,
con estos ojos de ciego selectivo
que nunca habían visto nada parecido
brillar así.
Rápidamente te puse nombre
para no dejar de llamarte,
me apunté tus señas
en la muñeca para no cortarme.
Ha habido tanto cristal
en esta puta habitación
vacía…
Solo te pido que no me recuerdes.
Que las decepciones pasan,
como las tormentas
y el futuro se escapa,
como tus piernas.
El amor se acaba,
como todo lo bueno;
el odio crece,
como los enanos sin cuento.
Di que te vas y que has olvidado
cómo volver,
que los semáforos se multiplican
ahora a tu paso,
que llegar hasta mí es un laberinto
lleno de faunos hambrientos.
De mi temporada en el desierto
guardo arena y púas de cactus
entre los poros,
de mi odisea en alta mar
guardo la sal que enrojece- cada vez que llueve -
mis ojos.
Se hizo lo que se pudo
con lo que se quiso.
Y todo lo demás
es lo de menos.
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