sábado, 1 de noviembre de 2014

En definitiva

Querer sin complejos, 
sin ataduras,
sin atajos,
sin horizontes,
sin la medida establecida;
sin reglas
ni normas
ni leyes,
sin toda esa costumbre
de convertir sentimientos
en rutina
y darle un nombre
a algo que de por sí
no tiene siquiera adjetivos.

Buscar sin ponernos
las gafas de lejos,
sin recurrir a los catalejos,
sin creer en tesoros 
debajo de las X
porque no hay mapa
en el mundo
capaz de dibujarnos
el recorrido hacia
la casa a la que acabaremos
llamando hogar.
Sin mirar hacia atrás
porque todo cuello
tiene un número limitado
de giros
y si no queremos encallar,
tendrá que ser también
sin tomar el sol
como referencia.
Porque tanta luz
nos cegará.

Soñar sin desvelos,
sin cadenas,
sin miedo a los sueños,
sin pánico a la realidad,
sin cerrar los ojos,
ni la boca
ni los poros.
Sin límites ni limitaciones.


En definitiva:
vivir tu vida
de forma
que nadie
pueda vivirla por ti.




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