sábado, 15 de noviembre de 2014

Piel de gallina

No sé qué me pasa
que a menudo
en mi garganta
se forma un nudo
que grita haber sido
marinero,
domador de olas,
capitán en los barcos
del infierno.

Que aprieta
y deja marca
sobre marca,
abre herida
sobre herida,
cierra etapa
sobre etapa.

No sé qué me pasa
que soy incapaz de mantener
la calma
mientras me culpo
de todas las tempestades
pero sé que volveremos
a llegar a puerto
incluso después de ahogarnos,
o al menos
esa fue la promesa
que nos hizo la corriente
a cambio de dejarnos arrastrar.

Recuerda que somos los niños
que soñaban a voces,
que sonaban a lluvia contra la ventana,
que asustaban al miedo
sonriendo a mares,
llorando a carcajadas;
no olvides
que éramos dos pasados
dibujando
un nuevo presente:
el chico de las ojeras 
por bandera 
- porque los sueños 
tambien necesitan
quien los represente -
y la chica de las cerillas 
en las costillas 
a la que los roces
hacían arder
a modo de meteorito
traspasando la atmósfera. 

Piensa
que esta noche
amanecerá el sol
por el oeste
y recuperaremos así
todo el tiempo perdido,
ven y cóseme los bolsillos
que se me están cayendo
de las canciones los estribillos
y mis jaulas vuelven
a llenarse de grillos

afónicos.

He ido 
a pedirle una hipoteca
a Cupido
para devolverte
todos los besos que me diste
sin recibo
y en los que ahora vivo.
He aprendido
que todo tiene un límite,
un cupo,
una línea que no rebasar.
Una vez pasas al otro lado,
ya no hay vuelta atrás.
Solo fronteras.

Dicho esto
me llevo lejos
mi guerra
para dejarte
en paz,
porque un adiós a tiempo
es el mejor saludo
al futuro.



Me pusiste
la piel de gallina...
Y eso explica perfectamente
mi cobarde huida.

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