que a
menudo
en mi
garganta
se forma un nudo
que grita haber sido
marinero,
domador de
olas,
capitán en los barcos
del
infierno.
Que aprieta
y deja
marca
sobre
marca,
abre herida
sobre
herida,
cierra
etapa
sobre
etapa.
No sé qué
me pasa
que soy
incapaz de mantener
la calma
mientras me
culpo
de todas
las tempestades
pero sé que
volveremos
a llegar a
puerto
incluso
después de ahogarnos,
o al menos
esa fue la
promesa
que nos
hizo la corriente
a cambio de
dejarnos arrastrar.
Recuerda que somos los niños
que soñaban a voces,
que sonaban a lluvia contra la ventana,
que asustaban al miedo
sonriendo a mares,
llorando a carcajadas;
no olvides
que éramos dos pasados
dibujando
un nuevo presente:
el chico de las ojeras
por bandera
- porque los sueños
tambien necesitan
quien los represente -
y la chica de las cerillas
en las costillas
a la que los roces
hacían arder
a modo de meteorito
traspasando la atmósfera.
Piensa
que esta
noche
amanecerá
el sol
por el
oeste
y
recuperaremos así
todo el
tiempo perdido,
ven y cóseme los bolsillos
que se me están cayendo
de las canciones los estribillos
y mis jaulas vuelven
a llenarse de grillos
afónicos.
He ido
a
pedirle una hipoteca
a Cupido
para
devolverte
todos los
besos que me diste
sin recibo
y en los
que ahora vivo.
He aprendido
que todo
tiene un límite,
un cupo,
una línea que no rebasar.
Una vez pasas al otro lado,
ya no hay vuelta atrás.
Solo fronteras.
Dicho esto
me llevo lejos
mi guerra
para dejarte
en paz,
porque un adiós a
tiempo
es el mejor saludo
al futuro.
Me pusiste
la piel de gallina...
Y eso explica perfectamente
mi cobarde huida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario