de tontos
que creyeron estar en lo cierto
y una vez más volvieron a equivocarse
como si los errores no fueran escuela
y a la vez profesores,
huyendo de donde nunca se llegó a estar
por miedo a agarrar con los dientes
la puta Verdad.
Pero hubo un tiempo, hace ya un par de vientos,
en el que recuerdo haber estado bebiendo
solo
solo
y las lagunas me inundan de pecho a cerebro.
¿Qué caminos pisé para tener tanto barro en los zapatos?
¿Qué pasó antes para tener ahora tatuadas cicatrices sobre
mis remiendos?
Por si acaso yo sigo enhebrando la aguja, guiñándole un ojo.
A la manera en que se lo hago a la Vida.
Tal y como solía hacértelo a ti
– por si acaso te olvidas –
Tsunamis, huracanes, terremotos;
el agua, el aire y la tierra a tu antojo.
Hiciste de un ateo convencido
un fiel devoto.
Te guardaste un secreto bajo los labios
y no hubo alunizaje posible contra esa boca.
Así que te dejé robarme un par de cigarros,
me dejaste sobre la mesa del salón
las facturas de todas las noches que reservé para nosotros mesa en la Luna
y bajaron las estrellas a reclamarme
el consumo de varios meses de luz.
Que el cielo está en crisis – decían - ya apenas llora,
y por supuesto nunca lo hace ya de alegría.
Al menos la tristeza estará contenta, pensé.
Por todo eso, si ahora me concediera un genio azul con coleta un deseo
pediría que nadie más me diga ser su vida,
pediría que nadie más me diga ser su vida,
porque, una vez sin mí, no he visto a ninguna de vosotras precisamente morir.
Eh, recuerda:
Fuiste tú la que me puso los cuernos,
yo
sólo
me
encargué
de
sujetarlos.
sólo
me
encargué
de
sujetarlos.
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