Allí donde no hagan falta las piernas para huir.
Pero espera tu oportunidad sin parar de moverte.
La que realmente lleve tu nombre sabrá dónde
encontrarte.
A menos que te quedes parada.
En ese caso no llegaréis a veros las caras.
Sálvate.
Por los dos, aunque por ti.
No tengas miedo por si vuelven las oscuras golondrinas.
Sinmigo
aquí no lo harán.
Esto no es una despedida.
Son todos tus principios puestos en fila.
Son todos tus principios puestos en fila.
Los que se alimentaron de metralla en aquel paredón.
Los que ellos quisieron pisotearte y acabaron por
doblarles los tobillos.
Abrázate.
Esta vez hazlo por mí.
Hace un tiempo leí que cuando tienes frío de crío lo tienes
para toda la vida.
No contaban contigo.
Mi jodido abrigo.
La manta y también la protagonista en peligro de la película de todos mis domingos.
La poesía que desafía a toda la literatura escrita antes de ti.
Piénsate.
De dentro a fuera.
Las etiquetas te resbalan entre las piernas.
Date cuenta.
Date cuenta.
Puedes abrir tus cicatrices de vez en cuando.
No olvides volver a cerrarlas girando dos veces la
llave.
Debes tener cuidado.
Aunque también debes dejarlo olvidado.
Aunque también debes dejarlo olvidado.
Sabes mejor que nadie que no hay ciencias exactas.
Que las canciones también se equivocan.
Que las canciones también se equivocan.
Y que sí fue buena idea venir hasta aquí.
Márchate.
Son casi las doce de un martes 13 y se han quedado afónicos los
relojes.
Que la vida sea contigo todo lo justa que mereces.
Así solamente tendré que mirar hacia arriba para verte.
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