jueves, 28 de mayo de 2015

7:54

Este invierno me acompaña desde hace años;
este infierno me araña desde hace daños.

A mi lado han ido mutando en asesinos de flores,
revoloteadores de las nieves, inconscientes lobos esteparios sin dientes
aunque con mucho, mucho hambre y un par de copas de más
pero con mucha, mucha sed.

El final está cerca. Lo anuncian las esquelas y los poetas.

Acostumbro a recordar cuando el sol maquillaba a la luna con su luz,
sacándola a bailar, iluminando desde la distancia todos sus cráteres, 
descubriendo su cara oculta, cubriendo de estrellas
cada una de sus pestañas

y las noches eran, por aquel entonces,
de ambos.

También me acuerdo de ti
y a menudo me busco en todo
aquello que nunca fui
por ser demasiado valiente.
Suelo, además, volver de cuando en cuando
a la plaza donde siempre te conocí
por ser delicado cobarde.

Hace no tanto me contaron que el frío sólo puede curarse con calor.
Y he pensado que, claro, tú llevas hogueras bajo los ojos y cerillas entre las costillas,
un arsenal de lanzallamas por boca y las manos de quien moldea el metal ya fundido
a base de martillazos con tacto de caricia.

Así que he decidido salir desnudo a por ti, cruzar el bosque escarchado,
quitarme de encima y de una vez por todas
este enero eterno en el que nací.


El fuego es mujer; lo sé porque te tuve entre mis yemas
y en tus propias llamas te vi arder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario