miércoles, 6 de mayo de 2015

Memorias de un cuento chino

Eras un cubo de Rubick
con sus seis caras,
una por estado de ánimo:
la luciérnaga estando contenta,
la botella a la deriva en la tristeza,
la tormenta cuando el enfado,
la tortuga de la paciencia,
la música al sentirte cansada,
la cicatriz
              
                  siendo nostalgia.

Pero una vez resuelta,
una vez encajadas tus piezas,
el enigma se volvía certeza
y la incógnita eras tú
despejándote sobre mí.
El mayor espectáculo de la Tierra,
un juego infinito de luces y polvo
de estrellas,
lo que nunca te dije
aún sabiendo que te lo decía
constantemente a cada instante.

Mi octava maravilla lleva tu risa,
tus vestidos, tus orillas mojadas,
tus gestos de equilibrista.

Las otras siete murieron ya
de envidia.

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