jueves, 6 de junio de 2013

Posguerra


                                                             "La radio sigue sonando, la guerra ha acabado"

Desde un primer momento dudé.
Dudé si eras aliada o enemiga,
las prisas por quitarte el uniforme
me impedían reconocer
la bandera descosida de tu pecho.
Dudé si era nieve lo que cubría tu cara
por aquello del brillo de tu piel
y el frío de tus labios,
dudé también si el fuego era cruzado
o paralelo a nosotros.

Diré (con cierto orgullo)
que sobreviví a veinticinco batallas,
aunque acabase perdiendo la guerra.

Aún desconozco
si fue un fallo en la estrategia
o si me disparaste a quemarropa
por la espalda
cuando agitaba la bandera blanca
que acabaría convirtiéndose en un torniquete
para mis heridas de bala.
Supongo que lo segundo.

Supongo también
que es más fácil engañarse
para irse del sitio en el cual eras feliz,
que aceptar que uno mismo arrasó ese lugar.
Y no me contéis eso
de que en el amor y en la guerra todo vale.
Porque no.

La mayor de nuestras penas
es que si estoy escribiendo esto
no es por ti,
ni por mí,
es porque febrero llenó de poesía mis llemas.

Qué triste contradicción
que lo único que quede para ti de mis manos
sea el dedo corazón.

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