La minicadena cose en el viento: hace tiempo, prometí escribirte una canción y las agujas del reloj sufren un esguince temporal. Una canción, un poema, un futuro, un amor para toda la vida, una playa, una puesta de luna... Qué más da. Prometí tantas cosas una vez que aún me sigo cortando con las esquinas de cada pedazo en el que se quebraron, una a una, todas ellas.
Me gustaría haber escuchado un "no necesito otra piel en la que curarme", un "evitemos el suelo, sigamos con el vuelo" o un breve "quédate". Pero mis ojos sólo pudieron traducir del idioma de sus caprichosos labios un adiós con acento a reproche. Creo que el cielo nunca ha vuelto a reflejar las estrellas de la misma manera después de aquella noche... Qué oscuras nacen las nubes últimamente, ¿no os habéis fijado?
Ahora, ella busca el olvido en cremalleras fáciles, en ausencias cargadas de rizos de rock and roll; promete a una constelación de luces de colores que ha conseguido olvidarme, se abraza a la barra del mar de sus miedos sin importarle como de tenso está el alambre. Puro funambulismo kamikaze.
Yo en cambio sigo pegado a un sueño deshojado, con la fingida certeza de que cualquier tiempo pasado fue peor. Nunca es fácil aceptar que has sido engañado por una eternidad pasajera, por uno de esos anuncios de "Aprende a enamorarte en un mes" que acaban siendo una academia de corazones rotos, imposibles de reconstruir de nuevo. Y yo aún estoy en ello.
Acaba de asesinarme un puñal que, de paso, ha aprovechado para tatuarme Recuerdos que enterrar bajo el mar en el centro de mi pecho izquierdo. Siempre sufrí una debilidad extraña con ese verso. Tanto dolor contenido en tan pocas palabras... ¿Qué me pasa? Melancolía norteña dificil de sentir si el límite de la orilla no está en tus pies.
Sí, supongo que sea eso.
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