Nunca
llegamos a estar juntos.
Al menos no del todo.
Corrimos por caminos siameses
pero paralelos,
ella buscaba las sonrisas en su cara
y yo en las comisuras
del gesto ajeno.
Leía mis poemas
mientras yo indignaba a los poetas;
intentamos salvar el mundo,
pero nos equivocamos de planeta.
Vimos anochecer a las farolas,
amanecer a las nubes.
Rompimos el tiempo en invierno
y ni volvió a ser primavera
ni hubo más días azules.
Saltaron de boca en boca
leyendas sobre nuestra historia
e historias sobre nuestra leyenda,
sin saber que tantos fracasos
acabaron por borrarnos la memoria.
¿Cómo íbamos a explicar
que nos resignamos
a dejar de pasear borrachos
por las aceras
para ver los sombreros de la ciudad
desde los barrotes
de una puta noria?
No lo entenderíais
y lo entendemos.
Simplemente fuimos
latidos y latitudes distintas.
Nunca
llegamos a estar juntos.
Al menos no del todo.
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