lunes, 6 de mayo de 2013

(Contr)adicción

Pasamos la vida buscando desesperadamente la media naranja perfecta, esa a la que le amargue la superficie de la piel pero que debajo de ella esconda, prácticamente bajo llave, la dulzura infinita. Y, creedme, pedimos demasiado.

Queremos al lado a una persona que nos salve la vida al menos dos veces por semana, que nos haga temblar de la misma manera que lo hace la llama de una vela cuando el viento le susurra las brasas, que quiera publicar una novela común entre su boca y nuestro sexo.

Pero, por otro lado, también queremos que nos rompa en pedazos indivisibles para poder reconstruirnos con lágrimas y saliva, que nos cambie a última hora los planes de fiesta por noches de sofá y palomitas que firmaría como suyas cualquier domingo febril, que se lleve a la boca nuestro último cigarro cuando los bares ya han cerrado y sus labios saben a ceniza.

Nuestra felicidad es una serie circular de contradicciones.
All you need is love, que diría John Lennon.

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