viernes, 3 de mayo de 2013

Posos de café

Todos hemos sido vencidos, al menos una vez, por una mujer. Miran, besan, sienten y hacen sentir; gritan, desgarran, matan. No busquéis rosas sin espinas, si no duele no deja marca. Al fin y al cabo la vida es eso, una colección de cicatrices.

Llegará la hora de abrir una nueva herida, la siguiente utopía taciturna con falsa vocación de eternidad.

Será escritora. Me analizará hasta el último rincón de mi piel, pasará noches en vela escribiéndome algunos versos antes de caer rendida sobre mi pecho y guardará en palabras cada declaración de amor y guerra que nos hagamos debajo de las sábanas.

Será cantante de rock. Me sacará una lágrima del estómago con su versión de "Piano man", viajaremos susurrando la costa en una Volkswagen en busca de festivales con sabor a cerveza y se tatuará una luna en el costado para hacerme sentir aún más cerca de las estrellas.

Será abogada. Pondrá una orden de alejamiento contra la soledad, apelará a mi presunción de inocencia para pasar por alto mis tormentas y recurrirá ante cualquier juez la sentencia nocturna que le obligue a cumplir condena en otros cuerpos.

Será pintora. Dibujará jaulas abiertas y botellas de vino vacías, dará otro color a esta escala de grises que es mi vida y firmará con un beso en la esquina inferior izquierda de mi vientre.

Puede que sea muchas cosas y nada a la vez. Quizá de lo único que esté realmente seguro sea de que será diferente. Es decir, como todas las anteriores.

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