domingo, 5 de mayo de 2013

París en llamas

Cuando el camino llega al precipicio sólo queda empezar a correr en los últimos metros y saltar al vacío sin mirar lo que dejas atrás. No busques salvavidas a tu alrededor, para volver a respirar primero tienes que ahogarte. Y eso duele, pero resucita.

Es inútil pensar que ella se estará muriendo por rozarte por el simple hecho de soñarlo tú cada noche en vela. No creas que estará en su cama leyendo tus cartas mientras escucha las canciones que llevan vuestro nombre por título y una lágrima se suicida desde sus pestañas para morir en la palabra amor. Esas cuatro letras que os llevaban a las cinco de París ya no os unen.

La lluvia de tu ventana hubo un verano que os bañó en la playa, pero no intentes tocarla, ahora su sal escuece en el recuerdo desgarrado de su último beso. El "quédate a mi lado" que os curaba se ha vuelto imposible de pronunciar con carmín en los labios. Olvida que algún día fueron tuyos, ya no te reconocen ni te protegen del viento que tantas veces pretendió tumbaros en el borde del fracaso, del "ni quiero, ni puedo".

Quizá lo mejor sea no seguir ninguna de estas reglas; vuestro amor nunca entendió de imposiciones, siempre se manifestó en contra del olvido.

P.D. No te he espíado, yo también estuve enamorado de la misma manera, aunque no de la misma persona. Y, eso, es lo que hace especial a cada puta historia de amor.

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